En la primera época de nuestro planeta el aspecto de la superficie terrestre era aterrador. El magma incandescente rebullía en la superficie entre explosiones continuas, mientras que una lluvia de meteorios y partículas cósmicas, atraídas por la gravedad terrestre, contribuían a aumentar el volumen de la esfera que giraba en el espacio.Inmensas volutas de gases y de vapor acuoso se elevaban, separándose del magma, y oscurecían el cielo impidiendo que la luz del Sol iluminara la Tierra. La sombría noche de los primeros tiempos se veía iterrumpida constantemente por los siniestros resplandores de las explosiones y erupciones superficiales.
Pasaron millones de años antes de que sobre el mar de lava surgieran las primeras islas de roca derivadas del magma enfriado. El magma incandescente que formaba la Tierra dio lugar, como consecuencia de su solidificación, a algunos tipos fundamentales de rocas llamadas ígneas. Hoy en día ya no quedan casi restos de tales rocas, por lo menos en la superficie, corroídas y destruidas por los agentes atmosféricos, se transformaron en detritos. Estas substancias, transportadas a las grandes cuencas marinas por las aguas, se depositaron en ellas a modo de estratos, y con el tiempo se solidificaron conjuntamente para formar nuevas rocas.
Al irse enfriando poco a poco, el magma terrestre se solidificó en la superficie y la Tierra se cubrió de una costra de rocas primitivas, formadas principalmente por granito y basalto. Estas rocas envolvían como una rígida coraza a nuestro globo, que en su interior seguía encontrándose en estado incandescente. Cuando la Tierra, al enfriarse todavía más, se redujo de volumen, el estrato rocoso que la cubría tuvo que contraerse, tal como le ocurre a una manzana que se marchita y cuya piel se arruga.
La coraza de rocas primitivas se arrugó y se dobló por defecto de las fuertes presiones laterales. En algunos puntos se hundió en el magma subyacente, mientras que en otros se elevó hacia el cielo. Nacieron así las primeras montañas, de las que actualmente no queda ninguna huella.
Las numerosas perturbaciones que tuvieron lugar en el transcurso de milenios llevaron gradualmente a su total destrucción. Las montañas que podemos admirar hoy en día pertenecen a épocas posteriores, y en algunos casos son recientes.
Llegando luego la aparición del agua......................(Nuestro Planeta - El agua)
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